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Cuando una relación sana también puede activar tu ansiedad 2

“Cuando estoy sola estoy bien, tranquila, todo parece en calma. Pero en cuanto empiezo a vincularme con alguien, me pongo en alerta y siento mucha ansiedad”.

Esta es una frase muy escuchada dentro de las cuatro paredes de mi consulta. Y aunque es cierto que hay muchas relaciones que son tormentosas y capaces de desarticular la vida de cualquiera. También, es muy común sentir vértigo e inseguridad al iniciar un contacto más profundo con alguien.
 Muchas personas se sienten en equilibrio cuando están solas, pero al comenzar una relación o al estrechar un vínculo emocional, aparece una sensación de inquietud difícil de entender. Y con ella, las dudas: “¿Será que esta persona no es para mí?”, “¿y si esta relación no es sana?”, “¿y si no estoy hecha para tener pareja?”…

Sin embargo, en muchos casos, la respuesta no está en la relación, sino en lo que la relación despierta.

Existe la creencia de que una relación sana debería sentirse siempre tranquila y segura, pero si tenemos en cuenta todas las cositas pequeñas que se activan y que influyen por las partes de las personas que se vinculan, nos damos cuenta que la anatomía de una relación es mucho más complejo que eso. Las relaciones de pareja son espacios de gran intimidad emocional. Y es precisamente esa cercanía, la que puede activar heridas del pasado que, hasta ese momento, parecían dormidas. 

Aunque la mente intente dejar atrás ciertas experiencias, el cuerpo tiene memoria. Guarda emociones, sensaciones y aprendizajes que se activan cuando algo en el presente se parece, aunque sea de forma sutil, a lo que un día dolió. La conexión con otra persona puede despertar esos recuerdos emocionales y poner en marcha mecanismos de protección.
Cuando una herida emocional se activa, no solo sentimos más intensidad, sino que también cambia la forma en la que interpretamos lo que ocurre. Un gesto, un silencio o una distancia puntual pueden vivirse como amenaza, no tanto por lo que son en sí mismos, sino por lo que representan para nuestra historia personal. En ese momento, no estamos reaccionando únicamente al presente, sino también a experiencias pasadas que dejaron huella. Por eso, muchas personas sienten que “reaccionan de más”, cuando en realidad lo que ocurre es que una parte de ellas está intentando protegerse. 
El problema es que esa protección no siempre es ajustada al aquí y ahora, sino que responde a aprendizajes antiguos que, aunque en su momento fueron útiles, hoy pueden generar sufrimiento.
Es importante entender que la activación y el miedo no siempre son señales de que algo va mal. Porque, ni si quiera una relación sana te evita cierto grado de incertidumbre o de malestar. Estas relaciones, no eliminan nuestras heridas ni evitan que se activen. Pero sí nos dan un lugar seguro donde esas heridas pueden ser vistas, comprendidas y, poco a poco, reparadas.

Si sientes que esta relación merece la pena, te animo a cambiar la visión y, en lugar de ver este vínculo como un lugar peligroso que puede alterar tu tranquilidad, le des la oportunidad de verlo como un espacio para aprender, enfrentar y reparar.

Te daré un consejo que tal vez, solo tal vez, haga este camino desconocido algo más fácil para ti: Cuando notes que tu reacción emocional es muy intensa ante ciertas situaciones, puede ser útil detenerte un momento y observar lo que está pasando dentro de ti. Más allá de juzgarte, intenta hacerte una pregunta sencilla pero profunda: ¿estoy reaccionando por lo que está ocurriendo ahora o por algo que me hirió en el pasado?
No siempre tendrás una respuesta clara e inmediata, pero empezar a planteártelo ya supone un paso importante. Te permite tomar cierta distancia de la reacción automática y abrir un espacio de comprensión. Porque entender de dónde viene lo que sientes no solo alivia, sino que también te da la posibilidad de relacionarte contigo mismo y con los demás de una forma más consciente y compasiva.

¿Necesitas terapia y no sabes por donde empezar? Déjame ayudarte.

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